domingo, 10 de febrero de 2008

Las fotos eróticas de las mujeres comunes

Las fotos eróticas de las mujeres comunes

Por Albeiro Tarr

Haciendo mal las cuentas, hace como 15 años que dejé atrás el salón de octavo grado de bachillerato en el Tecnológico. De esa época hay buenos recuerdos. La cancha de fútbol, esa que en los descansos uno se recorría para patear el balón hasta que sonaba la campana y llegábamos al salón de clases chorreando de lo lindo sudor por unos 15 minutos y con los zapatos llenos de arena. Están los amigos del curso, las peleas a puño después de la seis por los lados del estadio y aquellas reuniones prohibidas en la esquina del salón para ver fotos de rubias empelotas. Echando memoria recuerdo el apellido del duro de las revistas porno, con sus exclusivas de principio de mes. Muchos de mi generación descubrimos gracias a él, en aquel octavo grado, que las mujeres tenían una virtud acrobática para mostrar su sexo y que una mujer sueca es un título que va más allá de un simple gentilicio.Para muchos en octavo grado la vida sexual comenzó con las fotos de rubias. En cuanto caía una en aquel salón, de inmediato se buscaban obscenidades. Luego venía algo así como un voyeurismo semántico, nunca plenamente satisfecho. Durante los días posteriores el salón de clase se llenaba de comentarios crudos, atrevidos, armados en narraciones donde cada tres oraciones se repetía la palabra sexo y después afloraban términos como cacorro, culo y oral, cuyas definiciones del diccionario eran establecidas de manera frígida para muchos. Esas fotografías venían en revistas que olían a nuevas y que se encaletaban en un viejo atlas negro, para ser rotadas por el salón. Para muchos esas mujeres eran lo más cercano a unas diosas.Mujeres, que años después cuando uno se siente adulto, entiende que no se encuentra en la esquina porque son más producto de perfección comercial que algo realmente sexual. Estos estereotipos de la industria pornográfica enseñan que las mujeres en minifalda, las aeromozas, las enfermeras o las profesoras, eran supuestamente adictas al sexo y que al menor descuido se desabotonaban la blusa. Así han crecido muchas generaciones engañadas.Uno después comprende que las mujeres de la calle, de la universidad, del carro de hamburguesas, del piso de arriba, de la oficina del lado, por más que se pinten o utilicen ropas ajustadas, están llenas de los populares ‘bananos’, senos caídos, estrías, nalgas derrumbadas, granos en la cara y mal aliento. Ellas jamás estarán en la tortura de un gimnasio por dos horas o una dieta de pan y agua. Ellas, naturalmente verdaderas diosas criollas, nunca aparecerán en esas revistas de octavo, pero aún así se toman fotos eróticas.Dos hechos fortuitos comprueban esta afirmación. Un día, en Zapatoca, durante la asesoría a un retiro de unas alumnas de undécimo grado de bachillerato de un importante colegio de la ciudad, una soplona del salón relató que la última noche, había ocurrido una reunión etílica-erótica en uno de los cuartos.De esa cita salieron a la luz pública unas 20 fotos de las bachilleres con y sin ropa interior, en posiciones y ademanes, escasos de pudor alguno. Ellas, muchachas normales, recatadas a simple vista, optaron por inmortalizar su despedida del colegio con un guayabo y fotos eróticas, que sólo Dios sabe en dónde estarán guardadas ahora. El segundo hecho ocurrió hace cuatro semanas, cuando llegaron al correo electrónico de uno de los compañeros de trabajo, fotos eróticas de una universitaria de clase media.La historia se resume en el mismo correo electrónico. La universitaria decidió ponerle los ‘cachos’ a su novio, optando por ‘moteliar’ en la compañía de su mejor amiga, quien les tomó unas foticos. Semanas después, tras una rabieta de ‘mejores amigas’, ella decidió mostrar las copias de las fotos al cornudo novio, quien de la desolación y clamando venganza las puso a rodar por Internet, rebotándolas en toda la universidad y la ciudad. Las bachilleres y la universitaria son gente del común que tienen los problemas normales de la gente normal: grasa en la cintura, arrugas, acné, piel grasosa, dientes amarrillos u horquillas, es decir, ellas están en contra de esa estética sexual gringa que hemos adoptado como propia, pero aún así se arriesgaron a posar desnudas, con orgullo y valor. "Ojo, no se trata de personas pervertidas o anormales", advierte la sicóloga bumanguesa Milena Mora, ellas canalizan un deseo interno que no representa daño alguno. En el acto de posar ante una cámara pueden sentir placer, que en la actual sociedad moralista y mojigata no se puede confesar en público, pues terminarían lapidadas.Ahora las fotos son un desvare En la historia del hombre las fotos nunca han estado lejos del sexo. A principios de la psicodélica década de 1960, algunos psiquiatras la experimentaron con homosexuales para reprimirles la excitación; les mostraban fotos de hombres desnudos y cuando tenían una erección, una inyección de altas dosis de apomorfina (potente químico) les provocaba fuertes náuseas. A base de repetir el tratamiento, esperaban curarlos.Ahora en Bucaramanga, las fotografías eróticas son una forma de combatir la falta de empleo. La idea le surgió a Luis Pulido, un ingeniero industrial aficionado a las cámaras, que adecuó una vieja casona en Floridablanca como estudio para inmortalizar desnudos. Le bastó con publicar un aviso en la prensa, para que su teléfono no dejara de sonar desde las siete de la mañana.En un día recibo más de 40 llamadas. La gente pregunta por el valor, las personas que tomarían las imágenes, el lugar, la hora. Tengo una larga lista de clientes que esperan la sesión de fotografía.La mayoría de los que preguntan son hombres. Algunos manifiestan que quieren venir con su pareja. Yo les explico que no hay problema, pero les advierto que esto no es un motel con cámaras, que el trabajo es muy profesional. Luis cobra por cada fotografía $10 mil, entregando los negativos, en un plazo no mayor a tres días.Una sesión dura aproximadamente unos 40 minutos. Se buscan imágenes artísticas con sábanas, alas de ángeles, paredes en ladrillo. La gente que acude a este servicio es normal. Hay desde universitarios y trabajadores hasta ejecutivos. No precisamente son gente bonita, sino personas comunes y corrientes que tienen una fantasía. También me han llamado de casas de citas, que desean tener catálogos para sus clientes.Algunos personas dicen que les gustaría estar acompañados de un modelo masculino o femenino, entonces se hace la gestión para tomar la sesión de fotos. Otras personas han llamado manifestando que quieren comprar fotografías, para eso entonces vamos a contratar unas modelos que estamos buscando. Otros más se las toman para enviarlas a revistas de contacto.Esta es una empresa seria y profesional que hasta ahora empieza, pero nunca imaginé que tendría tanta acogida, hasta me han pedido que haga videos..., advierte Luis, asombrado por el éxito de su empresa.Éxito que para la sexóloga Marta Lucia Palacios, no es novedad. Hay más gente de la que uno supone que no tiene restricciones con respecto a exhibir su cuerpo y ser visto en actividad sexual.Eso lo comprobaron los investigadores cuando empezaron a estudiar la respuesta sexual humana. Pensaron que la gente no iba a permitir ser observada y fue una gran sorpresa cuando pusieron un aviso en la universidad de San Luis, Estados Unidos, diciendo que necesitaban voluntarios. Las colas eran inimaginables.Fue toda una sorpresa que la gente no tuviera tantas restricciones y tanto pudor a ser observado en su cuerpo y en su sexualidad. Hay más gente de lo que uno pudiera pensar, el pudor al fin y al cabo no es innato al ser humano sino una creación social. Uno no puede hablar de estereotipos, al señalar que los santandereanos son más recatados. Los estereotipos llevan un rasgo y no son ciertos. Dentro de cualquier población hay gente inhibida, por eso existen las playas nudistas.Según la doctora Marta Lucia Palacios, las empresas de fotos eróticas no son noticia en ciudades como Bogotá, Cali o Medellín, "no se imagina la cantidad de parejas que se fotografían y se hacen videos desnudos y en actividad sexual, son cantidades. Ellos lo encuentran muy estimulante".Ciertamente los jóvenes en la actualidad siguen viendo las mismas fotos de rubias desnudas de mi otrora bachillerato, educándose con esos desbocados mitos gringos sexuales donde la imagen de una gordita con alas de ángel santandereana, sacada del estudio de Luis, nunca encontraría su verdadero y único valor.